-¿ Seguro que es por aquí?- pregunto Leynad- mira que hemos pateado mucho para no encontrar nada.
- ¡ Que si toca pelotas! Según el plano que Nebur nos envió ya deberíamos estar muy cerca- Respondió Price, ya llevaban dos semanas de viaje, ambos estaban cansados y hartos de los caminos, además de que Price sentía un deseo incontrolable de asfixiar a Leynad con sus propias manos cada vez que este abría la boca para quejarse. Por suerte para ellos, y en especial para el cuello de Leynad, ya se encontraban cerca del lugar donde Nebur les había mandado ir para investigar una cueva donde, según los informes de los exploradores de Karandras, habían desparecido varios campesinos y unos cuantos soldados del Fabricador General.
-¿Ves? allí esta la cueva- dijo Price- ahora haber que hay dentro que tanto preocupa a Nebur.
- Es curioso pero ¿ La entrada no se parece a la boca de un lobo?- dijo el portaestandarte y tenia razón, la entrada principal era muy parecida a las fauces abiertas de un lobo, una grandes piedras colocadas de forma angular recordaban a los dientes de la boca mientras una estalagmita enorme recordaba a la campanilla, las piedras estaban pulidas y tenían marcas de haber sido talladas recientemente, sin duda esa cueva no se había construido de forma natural, alguien había tenido que tallar las piedras, sospechoso.
- Al fin habéis llegado- dijo una voz proveniente de la cueva- hacia tiempo que os esperábamos y ya nos empezábamos a aburrir.
- Vaya, vaya- dijo Price, el anciano fue capaz de reconocer la siniestra voz que salio de la cueva- cuento tiempo Xilef ¿ Tienes lo que hay que tener para salir o tendremos que entrar a buscarte?
- Me encantaría cerrarte la boca ahora mismo dándote la mayor paliza de tu vida, pero no tengo tiempo de entretenerme con vosotros dos.
-¿ Ya vuelves a huir con el rabo entre las piernas?
- Al menos yo tengo rabo entre las piernas Leynad, que es bastante más de lo que puedo decir de ti,gordo.
Una especie de murciélago gigante salio de la boca de la cueva, tirando por el camino a Leynad y Price, este ultimo llevaba la pistola cargada y había tenido tiempo de sacarla de la funda, apunto a la grotesca bestia y disparo, aunque le acertó en un ala, no consiguió abatir al Xilef y este se escapo. Leynad se incorporo con bastante facilidad y ayudo a su anciano compañero a levantarse, ambos miraron hacia la cueva, lo que hacia desaparecer a las gentes de aquel lugar ya estaba descubierto mas aun debían descubrir que hacia Xilef en esa cueva.
-Incubos- dijo Nebur- aun no me pudo creer que en ese diario estén las claves para despertarlos de su sueño.
-¿Que son los incubos?- pregunto Idranel.
- Llevas ya tres meses en la Hermanda, deberias saber la historia de memoria- replico Nebur.
- No seas duro con ella, aun es demasiado joven.
- Karandras debe aprender lo mismo que todos hemos aprendido, como tu, como yo, como mi padre y como mi madre- replico Nebur.
Idranel, se vio gravemente humillada y ofendida y salio corriendo de la estancia, Karandras miro con enfado a neburn había echo que una de sus aprendices llorara y eso no le gustaba en absoluto.
- Creo que me he pasado- dijo Nebur.
- La verdad es que si y mucho, no deberías comportarte así con alguien que aun esta aprendiendo.
- Lo siento, siempre se me va la lengua.
- Como a tu padre- dijo Karandras- No me mires con esa cara, prácticamente nos criamos juntos, lo sabia todo de el.
-¿Y a mi madre?
- También la conocí, tu padre y yo estábamos juntos cuando la conocimos- hizo una pausa y miro por la ventana de la habitación, las vidrieras mostraban el montañoso paisaje de mil colores distintos, aquella fortaleza del Maellus se había mantenido durante siglos escondida en aquel lugar, un refugio para el cuerpo y la mente- Ogeid la quería más que a su propia vida, la amaba y no podía dejar de pensar en ella, paso noches enteras despierto pensando en ella y nunca se atrevía a decirle que la amaba.
-¿ Entonces, como acabaron casándose?
- Porque tu padre fue herido en batalla al lado de Aedrna, sin posibilidad de ser atendido por los Apotecarios del ejercito, y hay, medio muerto, la miro a sus preciosos ojos azules y le confeso que la amaba, y le pidió disculpas, por no tener el valor de decírselo antes y le dio las gracias por cada momento con ella, pues habían sido los mejores de su vida.
- Sobrevivió y le pidió que se casaran- dijo una voz a sus espaldas- y ella acepto.
- Te hacia Medregar, Adele.